PC, Mac o iPad para trabajar: ¿qué necesita cada trabajador?

Durante muchos años, equipar un puesto de trabajo era relativamente sencillo. Una mesa, un ordenador, un monitor, un teléfono y, no demasiado lejos, una impresora. Cuando llegaba el momento de renovar los equipos, la decisión consistía básicamente en elegir qué ordenador comprar y durante cuántos años íbamos a utilizarlo.

Pero nuestra forma de trabajar ha cambiado. Buena parte del papel se ha convertido en documentos digitales, las aplicaciones empresariales funcionan cada vez más desde un navegador y servicios como Microsoft 365 o iCloud permiten que nuestros archivos nos acompañen independientemente del dispositivo que tengamos delante. Al mismo tiempo, trabajamos desde casa, visitamos clientes, participamos en videollamadas y esperamos poder consultar la información de la empresa prácticamente desde cualquier lugar.

Todo esto plantea una pregunta que hace unos años habría resultado bastante extraña: ¿necesitamos realmente un ordenador tradicional en todos los puestos de trabajo o podemos utilizar un iPad para trabajar?

La respuesta, como casi siempre cuando hablamos de tecnología empresarial, no debería depender de qué dispositivo esté de moda, sino de qué necesita hacer la persona que va a utilizarlo.

Del papel a la nube y de la nube a la movilidad

La digitalización no ha consistido simplemente en sustituir archivadores por carpetas llenas de PDF. Ha cambiado progresivamente dónde se encuentra nuestra información y cómo accedemos a ella.

El correo electrónico hace tiempo que dejó de depender del ordenador de nuestra mesa. Después llegaron el almacenamiento en la nube, las aplicaciones web, las herramientas colaborativas, las videollamadas o los ERP y CRM accesibles mediante navegador. Microsoft 365 para empresas, por ejemplo, integra correo, almacenamiento mediante OneDrive, SharePoint y diferentes herramientas de productividad y colaboración que permiten acceder y compartir información desde distintos lugares.

En el ecosistema de Apple ocurre algo parecido con iCloud: archivos y datos pueden almacenarse en la nube y mantenerse disponibles y actualizados entre los diferentes dispositivos asociados al usuario.

Esto tiene una consecuencia importante. Nuestro trabajo está cada vez menos ligado físicamente al ordenador que tenemos sobre la mesa.

Si podemos acceder a nuestros documentos, correo, aplicaciones y datos desde diferentes dispositivos, la pregunta deja de ser qué ordenador debemos comprar para la empresa y pasa a ser otra: ¿cuál es el dispositivo más adecuado para cada trabajador?

¿Puede realmente utilizarse un iPad para trabajar?

Durante mucho tiempo, comparar una tablet con un ordenador tenía poco sentido. El ordenador ofrecía mayor potencia, mejores aplicaciones, más posibilidades de conexión y un sistema operativo pensado para trabajar simultáneamente con múltiples programas y archivos, lo que dejaba el iPad para trabajar como una opción para unos pocos.

Esa distancia se ha reducido considerablemente.

Un buen ejemplo son los nuevos iPad Air con M4 presentados por Apple en 2026. Están disponibles en 11 y 13 pulgadas, incorporan 12 GB de memoria unificada, Wi-Fi 7 y pueden utilizarse con teclado, ratón y otros accesorios. iPadOS 26 también ha mejorado aspectos tradicionalmente asociados al ordenador, como la gestión de ventanas, archivos y tareas en segundo plano. Apple incluye expresamente a los usuarios empresariales entre los perfiles a los que dirige el dispositivo.

Por tanto, en muchos casos la potencia ha dejado de ser el principal obstáculo para utilizar un iPad para trabajar.

Las preguntas importantes son otras: ¿funcionan en él las aplicaciones que necesita el trabajador?, ¿cómo maneja sus archivos?, ¿necesita varias aplicaciones abiertas simultáneamente?, ¿utiliza periféricos específicos?, ¿trabaja principalmente sentado ante una mesa o necesita moverse continuamente?

Es ahí donde empiezan las diferencias.

No todos los trabajadores necesitan el mismo dispositivo

Un administrativo que pasa buena parte de su jornada trabajando simultáneamente con un ERP, hojas de cálculo, documentos PDF, correo electrónico y diferentes ventanas probablemente seguirá encontrándose más cómodo con un PC o un Mac. Una pantalla grande —o varias—, teclado y ratón y un sistema operativo de escritorio continúan ofreciendo ventajas evidentes para este tipo de trabajo intensivo.

Pensemos ahora en un comercial. Consulta el correo, accede al CRM o ERP mediante navegador, prepara presupuestos, enseña catálogos, visita clientes, participa en reuniones y necesita consultar documentación esté donde esté. Para este perfil, usar un iPad para trabajar puede convertirse en una herramienta mucho más interesante.

Puede utilizarlo en su mesa con teclado y ratón, llevárselo a una reunión, mostrar un producto directamente al cliente, revisar o anotar un documento, hacer una videollamada y continuar trabajando durante un viaje. En modelos con conectividad móvil, ni siquiera necesita depender permanentemente de una red WiFi.

En dirección encontramos otro caso interesante. Una persona cuyo trabajo consiste principalmente en correo, reuniones, consulta de informes, revisión de documentos, aprobaciones y herramientas colaborativas puede descubrir que necesita bastante menos de un ordenador tradicional de lo que inicialmente pensaba.

Y un técnico podría utilizar una tablet para consultar documentación, realizar fotografías, cumplimentar partes de trabajo o recoger una firma mientras se encuentra en las instalaciones de un cliente, aunque posteriormente necesite un ordenador para realizar determinadas tareas especializadas.

No existe un dispositivo mejor. Existen dispositivos más adecuados para determinados trabajos.

El PC y el Mac no han dejado de tener sentido

La movilidad no convierte automáticamente al iPad en sustituto del ordenador.

Hay aplicaciones profesionales que únicamente están disponibles para sistemas operativos de escritorio o cuya versión para tablet ofrece menos funcionalidades. Lo mismo ocurre con determinados ERP, programas de gestión, aplicaciones de ingeniería, herramientas de administración, desarrollo de software o procesos que requieren manejar gran cantidad de archivos.

Incluso cuando una aplicación funciona perfectamente en una tablet, debemos pensar en cómo se utiliza durante ocho horas. Trabajar ocasionalmente con una hoja de cálculo desde una pantalla táctil es muy diferente a hacerlo durante toda la jornada.

Por eso, utilizar un iPad para trabajar no debería convertirse en un objetivo en sí mismo. Si sustituimos un ordenador perfectamente adaptado al trabajo por una tablet que obliga al empleado a realizar más pasos para conseguir lo mismo, no hemos modernizado el puesto: lo hemos complicado.

Lo mismo sucede al contrario. Comprar un potente ordenador de sobremesa para una persona que pasa buena parte del día desplazándose y cuyo trabajo se realiza fundamentalmente mediante aplicaciones web tampoco parece la solución más lógica.

Un iPad para trabajar tampoco tiene por qué ser más barato

Hay otra idea que conviene desmontar. Sustituir un ordenador por una tablet no significa necesariamente ahorrar dinero.

Al precio del dispositivo podemos tener que añadir teclado, ratón, lápiz digital, funda, adaptadores, almacenamiento o una base de conexión. Si queremos utilizarlo en la oficina con un monitor externo, también tendremos que contemplar ese equipamiento.

De hecho, el actual iPad Air M4 parte de 649 euros en 11 pulgadas y 849 euros en 13 pulgadas, mientras que el Magic Keyboard oficial supone otros 329 o 349 euros respectivamente.

Por eso la comparación exclusivamente económica puede llevarnos a una conclusión equivocada.

La pregunta no debería ser «¿qué dispositivo cuesta menos?», sino «¿con qué dispositivo puede trabajar mejor esta persona?».

Un equipo algo más caro puede resultar una inversión excelente si facilita el trabajo durante varios años. Del mismo modo, comprar un dispositivo excesivamente potente para alguien que no aprovechará sus capacidades tampoco parece una utilización especialmente eficiente del presupuesto.

El puesto de trabajo ya no tiene por qué ser un lugar

Quizá este sea el cambio más interesante.

Tradicionalmente hablábamos del «puesto de trabajo» refiriéndonos prácticamente a un lugar físico. El ordenador estaba en una mesa y, por extensión, allí estaba también nuestro trabajo.

La nube está rompiendo progresivamente esa relación.

El puesto puede acompañarnos a una sala de reuniones, a casa, a las instalaciones de un cliente o durante un viaje. Y esto no significa necesariamente teletrabajar permanentemente. Significa simplemente poder disponer de las herramientas y de la información cuando las necesitamos.

Esta movilidad también debería hacernos pensar en el conjunto del equipamiento. Como ya vimos al hablar de cómo la tecnología en la oficina puede ayudarnos a trabajar mejor, a veces una pantalla adecuada, unos buenos auriculares, una base de conexión o un teclado cómodo tienen tanta importancia en la experiencia diaria como el propio ordenador.

Un iPad puede ser fantástico mientras visitamos a un cliente y, al llegar a la oficina, transformarse en un puesto mucho más tradicional conectado a teclado, ratón y monitor. No tenemos necesariamente que elegir entre movilidad y comodidad.

¿Y comprar los equipos o alquilarlos?

Replantearnos qué dispositivo necesita cada trabajador también permite cuestionar otra costumbre: comprar todo el parque informático de la misma manera y renovarlo siguiendo el mismo ciclo.

Es perfectamente posible que los equipos utilizados por administración permanezcan varios años en sus puestos mientras que los dispositivos de comerciales o trabajadores con mayor movilidad interese renovarlos con más frecuencia.

En estos casos, junto a la compra tradicional puede tener sentido estudiar fórmulas de alquiler o renting de equipos informáticos, especialmente cuando la empresa quiere convertir la renovación tecnológica en un coste periódico más previsible y evitar grandes inversiones puntuales.

No significa que alquilar sea siempre mejor que comprar. De nuevo, dependerá de la empresa, del tipo de dispositivo, del tiempo durante el que pensamos utilizarlo y de las condiciones del servicio. Lo importante es que la forma de adquirir la tecnología también puede adaptarse a cada necesidad.

Antes de comprar ordenadores, pensemos en las personas

Cuando una empresa necesita renovar diez o veinte equipos, resulta muy cómodo elegir una configuración y comprar el mismo ordenador para todos. También simplifica el mantenimiento y la gestión.

Pero comodidad no siempre significa eficiencia.

Quizá administración necesite ordenadores tradicionales con buenos monitores. Los comerciales podrían beneficiarse de dispositivos ligeros y con conectividad móvil. Dirección puede valorar especialmente la combinación entre movilidad y autonomía. Y otros trabajadores necesitarán equipos muy específicos debido al software que utilizan.

La desaparición progresiva del papel, el crecimiento de las aplicaciones web y la nube nos permiten por primera vez plantearnos seriamente estas alternativas.

Por eso, antes de decidir entre PC, Mac o iPad para trabajar, merece la pena analizar cómo trabaja realmente cada persona: qué aplicaciones utiliza, dónde las utiliza, qué información necesita, con quién la comparte y cuánto tiempo pasa delante de su dispositivo.

En RC Servicios Informáticos podemos ayudarte a estudiar las necesidades reales de los diferentes puestos de tu empresa y elegir el equipamiento que mejor se adapte a ellos, tanto si la solución pasa por ordenadores tradicionales como por dispositivos móviles o una combinación de ambos. Porque renovar la informática de una empresa no debería consistir simplemente en sustituir máquinas antiguas por máquinas nuevas, debería ser una oportunidad para trabajar mejor.

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